Una bacteria de las fosas nasales elimina a varios de los patógenos más extendidos y resistentes

MIGUEL ÁNGEL CRIADO / NOTICIA MATERIA

Millones de personas podrían salvar la vida en el futuro gracias a una bacteria que vive en las narices humanas. Científicos alemanes han descubierto que este microorganismo, el Staphylococcus lugdunensis, genera un antibiótico natural que ataca a un amplio grupo de bacterias entre las que se encuentran algunas de las más resistentes a los antibióticos. El hallazgo invita a buscar los fármacos del futuro entre las bacterias que pueblan el cuerpo humano.

“En la próxima década morirán más personas por la resistencia a los antibióticos que de cáncer”, asegura el microbiólogo de la Universidad de Tubinga (Alemania), Andreas Peschel. El uso y abuso de los antibióticos está provocando una selección no natural de las cepas de bacterias más resistentes. Una de ellas es el estafilococo dorado (Staphylococcus aureus), bacteria a la que Peschel ha dedicado toda su carrera investigadora.

El S. aureus es una bacteria comensal, vive en la piel y mucosas humanas sin dañar a su anfitrión. Sin embargo, en determinadas condiciones que debilitan el sistema inmune se vuelve patógena. Su grupo principal de víctimas son las personas hospitalizadas. Otra de sus particularidades es que, desde mediados del siglo pasado, se ha ido haciendo resistente a un número creciente de antibióticos.

Se estima que un tercio de los humanos han sido colonizados por el estafilococo dorado. Peschel y sus colegas se preguntaron porqué el 70% de la población parece inmune a esta bacteria. Según publican en la revista Nature, comprobaron que aquellas narices colonizadas por S. lugdunensis eran territorio hostil para S. aureus. Algo debía de tener la primera que acababa con la segunda.

La ‘S. lugdunensis’ ataca al estafilococo dorado, la ‘E. coli’ o al estreptococo que provoca la meningitis

Lo comprobaron primero en cultivos. Analizando la acción de unas noventa especies de estafilococos, vieron que unas cepas de S. lugdunensis impedían el crecimiento de la S. aureus pero no otras. Así que buscaron qué tenían unas y otras. Encontraron un componente que parecía ser el responsable de esta capacidad bactericida. Lo han llamado lugdunin, que siguiendo la terminología española se podría traducir por lugdunina.

La lugdunina inhibió, también en cultivos, el crecimiento de varias cepas de S. aureus resistentes a diversos antibióticos. Además, pudo con otros patógenos, como Enterococcus faecalis, Streptococcus pneumoniae (causante de neumonía, sinusitis o incluso meningitis) o la Escherichia coli. Para comprobar su acción antibacteriana, los investigadores aplicaron sobre la piel de varios ratones un biofilm con S. aureus para tratarlos después con lugdunina. En todos los casos salvo dos (por posible error de procedimiento), la infección retrocedió o desapareció por completo.

Puede parecer extraño que la microbiota humana, en una especie de guerra entre bacterias, produzca antibióticos. Pero, como escriben los microbiólogos estadounidenses Kim Lewis y Philip Strandwitz también en Nature “la microbiota está formada por más de mil especies, muchas de las cuales compiten por el espacio y los nutrientes y la presión selectiva para eliminar a las bacterias vecinas es alta”. Uno de los mecanismos que parecen haber encontrado algunas es el de crear sus propios antibióticos.

Aún queda mucho para que la lugdunina sea probada en humanos y aún más para que se convierta en un antibiótico comercial, pero su descubrimiento, además de su propio valor terapéutico, puede tener otro efecto añadido: “Generalmente, los antibióticos se obtienen de bacterias del suelo u hongos”, recuerda Peschel. Pero, “la idea de que la microflora humana pueda ser también una fuente de agentes antimicrobianos es todo un descubrimiento”. Un descubrimiento que llevará a muchos a ver de otra manera a las bacterias que los humanos llevan dentro.