Los retos que plantean las pandemias, como los de la lucha contra el cambio climático, deberían iniciar el embrión de un gobierno mundial

CARME VALLS-LLOBET | Artículo original

El brote de un nuevo coronavirus en Wuhan, China, está sacudiendo la capacidad de reacción de las autoridades sanitarias chinas, pero también a las de todo el mundo. A pesar de que los primeros casos se detectaron en diciembre, las decisiones drásticas no se han empezado a tomar hasta este martes, 21 de enero, en China, pretendiendo aislar una ciudad de más de siete millones de personas. También la constatación de que el virus tiene ya una transmisión de humanos a humanos ha colocado a la OMS y a sus comités de expertos ante la tesitura de declarar la emergencia de salud pública internacional. La deliberación del comité de expertos sobre emergencias médicas, en Ginebra, empezó al siguiente. Con división del comité, en palabras de su presidente, Didier Houssin, sobre la necesidad de declarar emergencia y, al mismo tiempo, con argumentos del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, justificando la cautela con la necesidad de más información por parte de las autoridades sanitarias chinas. Algo tarde para la envergadura del problema cualquiera que sea la decisión.

Aunque no es un virus tan directamente mortal como en otras infecciones, estamos ante un tipo de coronavirus desconocido, que se propaga de forma muy rápida. Por ejemplo, un solo portador ha contagiado a 14 profesionales sanitarios, con un periodo de incubación de días en lugar de semanas. Eso, unido a que la ciudad de Wuhan está en constante contacto por avión con muchas de las ciudades de Asia y del mundo occidental, da una idea de la necesidad de decisiones rápidas.

En contraste con esta dilación, tanto la propagación del virus como la información ofrecida por los medios de comunicación han corrido más que el trabajo de los comités de expertos, y los gobiernos de muchos países ya están tomando medidas, con una mirada puesta en la OMS y con otra en las medidas de precaución en su interior. En dos días se han duplicado el número de casos en China y la epidemia se ha extendido ya a Tailandia, Japón, Vietnam, Estados Unidos, Australia y Corea del Sur. El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades ha elevado el riesgo de que los virus entren en la UE de bajo a moderado, y el portavoz comunitario Stefan de Keersmaecker declara que “la Comisión está siguiendo con extrema cercanía la situación y continúa coordinando las medidas que puedan ser necesarias a nivel de la Unión Europea”.

Esta contradicción entre los tiempos de la OMS y la realidad, ponen de manifiesto que las decisiones no son solo técnicas sino políticas, y probablemente desbordan el ámbito de la decisión de los expertos. Al mismo tiempo que un comité técnico se necesitaría un comité político que establezca prioridades y minimice los daños. La política es el arte de lo prioritario para el interés común. Frente a las pandemias virales no hay muros, ni fronteras, ni estados soberanos, sino que se plantea la necesidad de tomar decisiones, difíciles, urgentes y que afectan a toda la población mundial. Aunque los epidemiólogos y el propio ministro de Sanidad, Salvador Illa, llaman a la tranquilidad de la población ya que “estamos preparados para actuar ante cualquier eventualidad”, los retos que plantean las pandemias, como los de la lucha contra el cambio climático, deberían iniciar el embrión de un gobierno mundial compartido. Una fórmula federal de gobierno que se muestra una necesidad cada vez más urgente y que daría mucha más seguridad.