El pigmento descubierto por Karl Wilhelm Scheele estuvo en los papeles pintados de los hogares victorianos hasta que se descubrió su toxicidad

ADELA MUÑOZ PAEZ | Artículo original

A comienzos del siglo XXI asociamos arsénico con veneno. No obstante, durante varios siglos los compuestos del arsénico o ‘arsenicales’ fueron las medicinas milagrosas capaces de curar todos los males. No sabemos cuántas muertes causaron estas ‘medicinas’, pero sí sabemos que un pigmento descubierto a finales del siglo XVIII, el ‘verde Scheele’, tiene muchas en su haber.

Karl Wilhelm Scheele (Straslund, Suecia, 1742) fue un droguero-farmacéutico que, a pesar de no tener educación superior y no contar con un buen laboratorio, hizo tantos descubrimientos que merece ocupar un puesto de honor en  la historia de la química. Fue el primero en aislar el oxígeno por descomposición del óxido de mercurio, obtener fósforo de los huesos y describir el efecto de la luz sobre las sales de plata, fenómeno precursor de la fotografía. También descubrió los elementos bario, manganeso, molibdeno y cloro y muchos compuestos. Pero lo que le hizo rico fue el descubrimiento de un pigmento verde tan hermoso, que pronto desplazó a los que se habían usado hasta entonces. Se trataba del arsenito ácido de cobre, CuHAsO3, ‘verde Scheele’, que fue usado durante décadas por pintores tan famosos como Joseph Turner y Edouard Manet, y estuvo presente en los hogares de la época victoriana en los papeles pintados con el famoso diseño Trellis del inglés William Morris (Walthamstow, 1834).

Una enfermedad misteriosa

Ya en 1839 el químico Gmelin había advertido en un periódico berlinés que pasar mucho tiempo en habitaciones con ese papel pintado en ciudades de clima húmedo era malo para la salud. Pero los intereses de la floreciente industria británica de los papeles pintados acallaron sus advertencias. Poco después, un médico irlandés volvió a advertir del peligro de vivir en habitaciones decoradas con ese papel y sugirió que el pigmento podría desprenderse en forma de polvo fino que podía ser inhalado.

En la revista científica inglesa ‘The Lancet’ se publicaron varios artículos donde se informaba de la enfermedad misteriosa que estaba matando a niños que pasaban mucho tiempo en habitaciones decoradas con papeles verdes. En estos artículos se explicaba que la presencia del pigmento verde solo entrañaba riesgo en caso de que hubiera un ambiente muy húmedo, pero no se identificaba el compuesto asesino. Hubo numerosas campañas para dejar de emplear pigmentos que contuvieran arsénico, pero no tuvieron éxito porque en esa época los arsenicales eran todavía unas ‘medicinas’ muy empleadas y el brillante ‘verde Scheele’ seguía estando rabiosamente de moda. Un ventaja añadida era que las habitaciones decoradas con estos papeles pintados estaban libres de chinches, animalejos molestos pero más sabios que las personas a la hora de elegir decoración.

En 1891 el químico italiano Bartolome Gosio, preocupado por la muerte de varios niños, cultivó hongos y bacterias sobre puré de patatas aderezado con trióxido de arsénico en sótanos húmedos, y obtuvo un arsenical gaseoso que mató a un ratón en pocos minutos. El mal que aquejaba a los habitantes de casas de entornos húmedos decoradas con papel pintado con ‘verde Scheele’ se llamó enfermedad de Gosio, pero no se identificó al culpable. En 1931 el químico inglés Challenger investigó la muerte de un niño de un pueblo próximo a su laboratorio y encontró que el misterioso asesino era la trimetilarsina, compuesto muy parecido a los que él mismo estudiaba. Este descubrimiento significó el fin de la distribución en Gran Bretaña de los papeles pintados con este pigmento, pero siguieron exportándose a otros países europeos durante bastantes años; el negocio era el negocio.

La humedad del clima inglés

¿Cómo se transformó el precioso ‘verde Scheele’ en el asesino gaseoso? La humedad del clima inglés favorecía el crecimiento de un hongo que se alimentaba de la pasta de harina usada como adhesivo de las tiras de papel a la pared. Y estos hongos se dedicaban a transformar los enlaces As-O del arsenito (AsO33-) de cobre en enlaces As-C, dando lugar a un compuesto gaseoso, la trimetilarsina, As(CH3)3, extraordinariamente tóxico que pasó a impregnar la atmósfera de las habitaciones decoradas con el papel pintado, envenenando a las personas que vivían en ellas.

Por su brillante color y su toxicidad oculta, el ‘verde Scheele’ me ha recordado a la mamba verde, serpiente venenosa del África oriental. A pesar de que había sido un excelente negocio, el ‘verde Scheele’ dejó de producirse a mediados del siglo XX.  Sin embargo conviene mantenerse alejados de la mamba verde, que sigue fascinándonos con su brillante color y su sinuosos e impredecibles movimientos.

La autora de este artículo forma parte de la Red de Científicas Comunicadoras de El Periódico.