GONZALO CASINO / @gonzalocasino / gcasino@escepticemia.com / www.escepticemia.com

Sobre la necesidad de ser competentes en el consumo de información de salud

Entre todos los productos de consumo, quizá sean las noticias el más buscado, el más consumido y también el más indigesto. Nunca ha sido tan fácil como ahora el acceso a la información y tampoco tan intensa la compulsión por seguir el hilo de la actualidad. Los informativos de la radio y la televisión, dispuestos en horarios clave a lo largo de la jornada, se complementan ahora con un flujo abrumador y continuo de información que circula y recircula por las redes. Sugería Hegel que las sociedades se hacen modernas cuando las noticias reemplazan a la religión como referente de autoridad, según escribió Alain de Botton en su libro The news. A user’s manual. Cada vez más gente dedica más tiempo al consumo de noticias que al de otros alimentos intelectuales quizá más provechosos. Aunque las noticias siempre han tenido algo que nos atrae, ahora empezamos a ser conscientes de su poder para modelar nuestra visión del mundo y de la general falta de preparación para interpretarlas con sentido crítico y distinguir su grado de verdad.

Se habla mucho de la necesidad de ser un consumidor informado, pero la primera necesidad sería la de ser competente en el consumo de información. Para mucha gente, una vez acabada la formación reglada en la escuela o en la universidad, la principal referencia educativa son los medios de comunicación. Pero los medios no suelen enseñar cómo hay que interpretar las noticias y cómo manejarse en la corriente informativa que mezcla mensajes rigurosos y falsos. Las noticias han resultado ser un vehículo tan potente y eficaz para promocionar todo tipo de intereses particulares, que va a resultar muy difícil regularlas y limitar la difusión de falsedades y pseudonoticias (aquellas cuya razón de ser no es el interés público sino el de quien las difunde). Más vale, por tanto, poner el énfasis en educar al consumidor y en fomentar su espíritu crítico. Todos deberíamos esforzarnos por ser consumidores competentes de noticias, igual que nos esforzamos en comprar los alimentos más saludables o cualquier otro producto.

En el campo de las noticias médicas, esta competencia es esencial para tomar decisiones que afectan a nuestra salud. Desperdigadas en diversos documentos y estudios, se van hilvanando una serie de pautas generales para orientarse. Una de ellas es la de desconfiar, de entrada, de las informaciones que infunden grandes esperanzas y grandes miedos, pues las intervenciones médicas rara vez son extremadamente beneficiosas o perjudiciales. Una segunda pauta es la de no dar mucho crédito a las noticias que hablan de los hallazgos de un nuevo estudio sin ponerlos en contexto con lo que se sabía hasta entonces, pues la respuesta a una pregunta médica no se basa normalmente en un único estudio, ni siquiera en el último, sino en el conocimiento acumulado; conviene tener presente, además, que lo último y más nuevo en medicina no es necesariamente mejor. Una tercera pauta es plantearse si los resultados de los estudios nos incumben o no, teniendo en cuenta si la población estudiada (animales o personas, hombres o mujeres, sanos o enfermos, etc.) se nos parece más o menos.

Hay, sin duda, más cuestiones que considerar a la hora de leer las noticias médicas, como es la existencia de intereses ocultos en la información y de conflictos de intereses en los expertos que opinan. Está claro que no es fácil desarrollar el pensamiento crítico para interpretar las noticias, pero cada vez hay más recursos, pistas y recomendaciones sensatas, a la vez que más profesionales involucrados en la disección crítica de la información, desde médicos y científicos a periodistas y comunicadores. Con todo, la implicación personal y la aproximación a la información con un cierto escepticismo es quizá lo más importante.


Autor
Gonzalo Casino es periodista científico, doctor en medicina y profesor de periodismo en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Ha sido coordinador de las páginas de salud del diario El País durante una década y director editorial de Ediciones Doyma/Elsevier. Publica el blog Escepticemia desde 1999.

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Columna patrocinada por IntraMed y la Fundación Dr. Antoni Esteve