Hasta años recientes no se han conocido los efectos secundarios negativos del consumo del cannabis

CARME VALLS-LLOBET | Artículo original

Ante la propuesta de legalizar el uso recreativo del cannabis, siento que la decisión no se ha sopesado de forma suficiente, y que, parafraseando a Hannah Arendt, se trata de una nueva banalización del mal. Aunque se quiera equiparar esta legalización al uso del tabaco y del alcohol, hemos de reconocer que hasta años recientes no se han conocido los efectos secundarios negativos de su consumo sin límites. Y el consumo del cannabis tiene efectos secundarios que se han de conocer antes de consumir.

El primer efecto de su consumo es el aumento de la frecuencia cardiaca en la mayoría de los casos de una a tres horas después de su uso, lo que produce mayor riesgo de miocardiopatías en personas predispuestas. También se produce pérdida de memoria inmediata, alteraciones del equilibrio, de la orientación espacial, dificultades para realizar tareas de coordinación motora y dificultades para andar. Además, tiene un efecto disruptor endocrino, con atrofia de testículo en varones y alteración del ciclo en mujeres. Ya en animales de experimentación, la exposición al THC ( Tetrahidrocannabinol), el principio activo de la droga recreativa, antes del nacimiento, condiciona trastornos en la memoria y el aprendizaje, con cambios estructurales en el hipocampo (la zona cerebral de la memoria). En Nueva Zelanda, se ha comprobado una pérdida de ocho puntos de coeficiente intelectual en adultos que habían consumido intensamente durante la adolescencia.

Consumidores adolescentes

El epidemiólogo Juan Ramón Villalbí, al estudiar los patrones de consumo de los adolescentes, señala que hay una relación directa entre el consumo de cannabis y la incidencia posterior de trastornos psicóticos, con un exceso de riesgo de un 40%, relacionado con la dosis de THC, la frecuencia de consumo y el inicio precoz. Comprueba que una parte de los consumidores adolescente sufre efectos adversos en sus vidas, como el fracaso escolar.

François Legault, primer ministro de Quebec ya ha propuesto modificar la ley canadiense, acabada de aprobar, exigiendo aumentar la mayoría de edad de los compradores a los 21 años, y no a los 18 años actuales, porque la Asociación Médica Canadiense lo ha recomendado para evitar los daños en los cerebros de los adolescentes que se están formando. No es lo mismo el uso médico controlado y depurando el principio activo que especialistas como el doctor Mariano García de Palau realizan desde hace años, que el uso recreativo sin límites claros, dado que es bien conocido que el consumo crónico aumenta la tolerancia y las dosis deben ser incrementadas continuadamente para obtener el mismo efecto. Se ha comprobado, además, que para muchos adolescentes la iniciación al cannabis supone la puerta de entrada a otras drogas de mayor nivel tóxico, ya que si al mundo que les rodea le parece recreativo el consumo y, por lo tanto banal, no deben tener miedo a las consecuencias. Si como mínimo la venta fuera en farmacias como en Uruguay, los efectos secundarios deberían constar en el envasado. La venta privada, que es la anunciada, espera generar miles de millones de beneficios como ha pasado en Colorado. ¿A quién beneficiamos? ¿Quién se va a recrear en realidad?

La autora de este artículo forma parte de la Red de Científicas Comunicadoras.