El informe ‘Desigualdades medioambientales en salud en Europa’ de la OMS insta a los gobiernos a actuar

CARME BORRELL | Artículo original

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de publicar el informe ‘Desigualdades medioambientales en salud en Europa‘. El documento describe cómo los riesgos ambientales están desigualmente distribuidos entre países y dentro de un mismo país. Con este fin, analiza 19 indicadores ambientales agrupados en: vivienda, servicios básicos (incluye pobreza energética), entorno urbano y transporte (contaminación del aire, ruido, transporte, áreas verdes), trabajo y lesiones por accidente de transporte. El objetivo de la publicación de la OMS es mostrar la importancia del tema e instar a los Gobiernos a actuar.

De entre las principales conclusiones del informe, en primer lugar, hay que señalar que las desigualdades medioambientales en salud existen en todos los países europeos. Por ejemplo, la dificultad de mantener la vivienda suficientemente caliente, un indicador de pobreza energética, muestra unas frecuencias más elevadas en los países del sur y del este de Europa. En España este indicador cambia de forma remarcable según el nivel de ingresos de la población, afectando casi al 25% de los que tienen menos ingresos y cerca del 5% de los que tienen más. Un segundo ejemplo es la contaminación del aire por partículas pequeñas, relacionada tanto con el hecho de morir prematuramente como con diversas enfermedades, que es más elevada en las regiones de Europa que tienen menor nivel socioeconómico y donde hay un porcentaje más elevado de personas con menor nivel de estudios.

El informe también apunta que, a pesar de que algunas condiciones ambientales han mejorado, para algunos indicadores las desigualdades han tendido a aumentar en la mayoría de países. Esto ha ocurrido sobre todo en los indicadores de pobreza energética (dificultad para mantener la casa caliente, humedades en la casa o dificultad para pagar los recibos de energía) y en la percepción de ruido. Para otros indicadores, sin embargo, han tendido a disminuir, como por ejemplo las desigualdades entre hombres y mujeres en la mortalidad por lesiones debidas al transporte o las desigualdades en el acceso a agua potable entre las zonas rurales y urbanas. Para la mayoría de indicadores estudiados, no hay un patrón de cambios claro, ya que en algunos países han aumentado las desigualdades y en otros han disminuido.

Las condiciones socioeconómicas, la clave de las desigualdades

Una tercera conclusión destacable es que las personas en situación más desfavorecida son las que están en peor situación respecto a los riesgos ambientales y los impactos en salud que se derivan. A pesar de que las desigualdades se encuentran al comparar diferentes ejes de desigualdad (género, o urbano/rural, por ejemplo), están explicadas en buena parte por las condiciones socioeconómicas de la población.

El informe también pone en evidencia que hacen falta más datos para poder estudiar estas desigualdades con más profundidad, sobre todo en los países del Este. Asimismo, es necesario establecer sistemas para hacer un seguimiento a lo largo del tiempo y en las diferentes áreas geográficas para conocer la evolución de los riesgos y de su impacto en la salud.

Acciones intersectoriales y gobernanza que promuevan la equidad ambiental

En la última década las regulaciones ambientales y las acciones de gobernanza referidas a entornos ambientalmente saludables han mostrado ser efectivas en muchos países. Pero estas aproximaciones generales han sido menos efectivas en la reducción de las desigualdades. Las acciones más selectivas, dirigidas a colectivos o áreas con más riesgo, deben complementar las medidas universales dirigidas a toda la población. Estas acciones deben provenir de diferentes sectores e instituciones, conectando las áreas relacionadas con la atención a las personas, el trabajo o la educación con sectores medioambientales, de planificación urbana y de promoción de la salud. El documento señala la importancia de la “Justicia de procedimiento” que se refiere a acentuar la acción política con equidad para poder hacer frente a los riesgos ambientales, ya que a menudo hay áreas con población con menos capacidad de influencia donde los problemas ambientales son más acusados, como por ejemplo la existencia de industrias contaminantes u otras fuentes de emisión. Es importante articular mecanismos de participación y de igualdad de derechos en los procesos de decisión.

Este informe supone un toque de atención a la gobernanza global y local y debería tener una importancia capital para poder avanzar en el conocimiento de la distribución desigual de los riesgos ambientales, su impacto en la salud y las políticas para hacerle frente.