POL MORALES VIDAL | Artículo original

Año 2004. Solo el 13% de los catedráticos de las universidades españolas eran mujeres, a pesar de que representaban el 59% del total de licenciados. Han pasado 16 años desde que la Fundación Dr. Antoni Esteve y el Observatorio de Bioética y Derecho de la Universitat de Barcelona presentaron datos tan demoledores como este en el documento Mujeres y ciencia y no parece que la situación haya mejorado demasiado. El último informe Científicas en cifras de 2017, por ejemplo, sitúa en el 21% el porcentaje de catedráticas. Un aumento irrisorio que se hace visible en muchas otras esferas, como es el caso de la visibilidad de las mujeres científicas en los medios de comunicación.

Tan solo hay que hacer memoria inmediata de los nombres que han estado al frente de la comunicación durante la pandemia de COVID-19. Salvo casos concretos, como el de la viróloga Margarita del Val, la mayoría de expertos que han aparecido en los medios de comunicación para tratar de dar una respuesta científica a esta crisis sanitaria sin precedentes han sido hombres. No es un hecho casual. En la agenda de los profesionales de la información predominan los científicos, en masculino, tal y como reveló el último estudio elaborado por el Grupo de Estudios Avanzados de Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos con la Fundación Dr. Antoni Esteve. De los 2.077 expertos que se referenciaron en los textos sobre ciencia publicados por El País y La Vanguardia en 2016, 1.589 fueron hombres (76,51%) y 488 mujeres (23,49%). En otras palabras, las fuentes científicas masculinas citadas por la prensa española de referencia triplican a las femeninas.

El estudio La visibilidad de las científicas españolas, dirigido por el profesor Pablo Francescutti, también analiza un pequeño detalle a simple vista pero que se convierte en otro importante parámetro de visibilidad: las fotografías que ilustran los textos periodísticos. En los retratos de científicos y en las fotos de los equipos de investigación, la presencia masculina también triplica a la femenina. La desigualdad es todavía más notoria en las necrológicas, un género que permite poner en valor las contribuciones de investigadores recientemente fallecidos: las científicas que merecieron un obituario no llegaron al 6% del total.

Estos porcentajes guardan relación con el reparto desigual del trabajo en las redacciones, ya que la mayoría de textos publicados fueron elaborados por periodistas hombres (sobre un total de 1.912 artículos, 1.088 los firmaban hombres mientras que solo 416 eran de autoría femenina). Interesa resaltar que las redactoras tendían a citar científicas con más frecuencia (el 34% de las fuentes científicas en sus textos eran científicas) que los redactores (solo el 20% de las fuentes expertas eran investigadoras).

El estudio se extiende a las revistas de moda y belleza porque, a diferencia de la prensa –consumida por un público eminentemente masculino-, apelan a una audiencia femenina. El análisis de las ediciones de Telva y Elle de 2016 pone en relieve la falta de contenidos científicos en sus páginas, la mayoría relacionados con el bienestar y la belleza, y el resto con patologías ginecológicas, avances en nutrición y distinciones a investigadoras. Al contrario que con los periódicos, aquí prevalecen las fuentes femeninas (62% del total). Pero esta feminización se ve entelada por el hecho de que, en el 72,2% de los casos, las expertas no fueron interpeladas como autoras de hallazgos o innovaciones sino para comentar conceptos o el estado del saber en su área.

Si los anteriores apartados se refieren a la visibilidad pasiva, es decir, la presencia que otorgan los medios a las científicas, la blogosfera permitió cuantificar la visibilidad activa: la búsqueda de proyección pública por parte de las propias  investigadoras. Naukas, plataforma digital que aglutina a gran número de comunicadores españoles de la ciencia, contaba con 124 colaboradores, de los cuales 25 eran científicas. El portal Scilogs acogía a 39 blogueros, de los cualos solo cuatro eran mujeres. Y en los Blogs alojados en la plataforma Madri+d de la Comunidad de Madrid, de 108 registrados solo 11 eran gestionados por investigadoras.

Ante esta invisibilidad de las mujeres científicas y después de organizar un debate sobre periodismo científico al respecto, la Fundación Dr. Antoni Esteve decidió dar soporte a dos iniciativas con medios de comunicación que nacieron con el objetivo de ampliar los nombres de mujeres en la agenda mediática. Por un lado, en 2018 se ponía en marcha con El País el consultorio Nosotras respondemos, en colaboración con la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas. Desde entonces, cada semana una científica da respuesta a una cuestión que plantean los lectores y lectoras del diario a través del correo electrónico o las redes sociales. Más de 100 artículos de divulgación científica elaborados exclusivamente por científicas españolas y que no solo dan a conocer su labor profesional sino también la de los centros de investigación en los que trabajan.

Por otro lado, también en 2018, y coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, la Fundación Dr. Antoni Esteve y El Periódico abrieron la Red de Científicas Comunicadoras, mediante la integración de quince expertas del ámbito iberoamericano entre las firmas de opinión del diario. El objetivo de esta otra iniciativa es potenciar la participación de las investigadoras en el debate público e incrementar su presencia en la prensa. Desde entonces, el rotativo ha publicado 85 artículos que han permitido conocer a nuevas autoras y consolidar otras. Dos proyectos en activo, que surgieron como demanda de un estudio y una jornada de debate, y que quieren contribuir en la mejora de la visibilidad de las mujeres científicas.